Nicolás Maduro inició su proceso judicial en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn bajo un esquema de vigilancia permanente que anula casi cualquier interacción social. El recinto en Estados Unidos asignó al procesado una celda de aproximadamente dos por tres metros, equipada con una litera de acero, un colchón delgado y un escritorio metálico soldado a la estructura. Este entorno físico se caracteriza por el uso de luces fluorescentes que permanecen encendidas la mayor parte del tiempo, incluso durante la noche, factor que suele generar desorientación temporal entre los internos de máxima seguridad. La rutina diaria en el establecimiento comienza a las seis horas con el primer conteo de seguridad, momento en que el personal verifica la integridad del recluso. La alimentación se suministra exclusivamente mediante una ranura en la puerta de acero, lo que elimina el contacto físico con otros detenidos. Respecto a la higiene personal, el reglamento estipula únicamente tres duchas semanales bajo supervisión directa. Las salidas para recreación se limitan a una hora al día en espacios techados o estructuras similares a jaulas internas, donde el acceso al aire libre y a la luz solar es prácticamente nulo. El aislamiento se complementa con Medidas Administrativas Especiales que restringen las comunicaciones externas a solo contactos con el equipo legal a través de vidrios divisorios, sin posibilidad de contacto físico.
El texto original de este artículo de la Agencia Quadratín