Hace seis semanas, Liz Truss se convertía en la Primera Ministra de Reino Unido. Ella dijo: “juntos capearemos el temporal”, pero las olas acabaron por desbordarla.
En sus 44 vertiginosos días en el cargo, su plan económico fue desechado, perdió a dos ministros, sus índices de popularidad cayeron en picada, su autoridad fue destruida, su partido se amotinó y la reputación internacional del Reino Unido quedó hecha pedacitos. Todo esto a pesar de contar con una amplia mayoría de gobierno y de querer pasar la página de la montaña rusa de la presidencia de Boris Johnson. El 17 de octubre, el Instituto para el Gobierno del Reino Unido celebró una mesa redonda titulada: “Cómo no dirigir un gobierno: las lecciones de los primeros 40 días de Liz Truss”. En particular, el despido del funcionario más veterano del Tesoro, Tom Scholar, se produjo a pesar de las advertencias de que su experiencia sería necesaria.